RALLY CATALUNYA
Era la primera vez que el RACC organizaba un Rally de Clásicos y debido a su solvencia organizativa en muchos eventos automovilísticos de primer nivel todo apuntaba a que iba a ser un éxito.
La ventana de coches admitidos era amplia; desde 1947 hasta 1986, y yo me decidí apuntar con uno de mis coches favoritos y que desafortunadamente no utilizaba desde hacía casi 2 años. Dias antes de la carrera me decidí a preparar el coche y comprobar de que todo funcionara correctamente. Evidentemente le costó algo arrancar después de un letargo demasiado largo pero cuando arrancó, su sonido me arrancó también una gran sonrisa. Me di cuenta que tenía la ITV caducada y en fallé en el primer intento pues me detectaron una descompensación en la frenada del tren anterior pero aprobé al segundo intento después de subsanar una pequeña pérdida en un bombín que había empapado de líquido de freno el tambor y había comprometido la eficacia de su frenada.
A medida que se aproximada el día del Rally, más me ilusionaba. Para mi sería un buen test para una de mis carreras favoritas; la Mille Miglia y el marco ideal para debutar con un Blunik (Para los expertos en regularidad, el mejor chisme para conseguir una gran precisión en las etapas cronometradas). Además, en esta aventura me acompañaría mi amigo italiano Daniele Rizza. Entablamos una gran amistad después de ser nuestra asistencia el la Mille Miglia del año pasado. Era la primera prueba que hacíamos juntos compartiendo volante y seguro que no será la última. Daniele es un excelente mecánico y un gran piloto además de ser uno de los mejores restauradores de Italia y gestiona desde sus instalaciones de Roma la preservación de colecciones tan importantes como la del Sr. Bulgari.
Daniele se desplazó a Barcelona el día antes del Rally, tiempo suficiente para chequear y probar el vehículo.
Hicimos varios kilómetros, repasamos la lista de recambios, instalamos los aparatos de regularidad y dejamos nuestra montura preparada para la carrera.
Todo parecía listo y en orden. Y decidimos hacer noche en Barcelona para evitar el infernal tráfico de las mañanas.
El dia de la carrera amaneció oscuro y con una insistente lluvia. En e corto trayecto que separaba nuestro hotel con la Plaza de la Catedral intuimos que la frenada volvía a descompensarse pero esta vez al lado contrario. Antes de pasar las verificaciones y entrar en el parque cerrado desmontamos la rueda para intentar solucionar el problema in extremis. Quedamos empapados debido a la lluvia pero el esfuerzo fue en balde y nos hicimos a la idea de que la prueba iba a ser mucho más exigente de lo previsto. Además no tuvimos tiempo para programar el ordenador que nos iba a servir para cronometrar las etapas de regularidad y por su fuera poco, descubrimos también que la cámara de la rueda de recambio perdía aire, lo que significaba que un simple pinchazo nos dejaría fuera de carrera.
Pero bueno, uno se apunta a estas cosas para pasarlo bien y nuestro humor no decayó, sino que estábamos listos para disfrutar al máximo.
Nos dieron el dorsal 58, casi el último, algo sorprendente cuando uno lleva el coche más antiguo de la caravana. Además comprobamos que las medias de nuestra categoría poco diferían de las medias más altas asignadas a los coches más potentes y modernos, por lo que intuimos que nuestras opciones eran casi nulas a la hora de optar a una buena posición en la clasificación general. El RACC demostró en este sentido una falta de sensibilidad absoluta hacía los vehículos antiguos; simplemente por desconocimiento. Habituados a organizar pruebas con automóviles actuales, se les notó una evidente falta de experiencia e este sentido. (Sin ningún ánimo de críticar, desde estas líneas aprovechamos para brindar nuestra experiencia en este terreno para mejorar este aspecto en futuras ediciones).
La espera antes del podium de salida fue, como siempre, larga. Más aún cuando sales en la cola. Lo único positivo fue que cuando nos dieron la salida apenas llovía ya, lo que nos permitió hacer los casi 800 km de recorrido a cielo descubierto. Y es que conducir un descapotable siempre es mucho más agradable; especialmente cuando las carreteras y paisajes son realmente buenos. Un aspecto en lo que sí estuvo muy acertada la organización. Incluso mi copiloto italiano quedó fascinado repitiendo una y otra veza; “…ma è bella la Catalonia…”
Salimos casi 1 hora más tarde que el primer participante y la diferencia de velocidad entre el primer vehículo y el nuestro implicaba que la caravana se iba a estirar bastante durante l transcurso de la etapa. Pero salimos entusiasmados y el fantástico sonido del incansable motor 6 cilindros en línea nos regaló una dosis extra de moral y satisfacción al primer acelerón.
Hicimos el primer tramo de enlace sin el menor incidente a parte del ya por nosotros conocido problema de frenada y del delicado asfalto después de llover insistentemente durante todo el día.
Llegamos a Gallifa para disputar el primer tramo cronometrado con muchas ganas pero conocedores de que no podíamos arriesgar demasiado. Además carecíamos de instrumentos para medir el tiempo y la distancia. Pero el feeling que transmite un vehículo con el que has recorrido miles de quilómetros (Incluidas 3 Mille Miglias) puede con todo.
Empezamos el tramo y todo empezó a cambiar.
Sorprendentemente el coche empezó a funcionar a las mil maravillas. Los frenos empezaban a trabajar al unísono. Las nubes empezaron a disiparse y el sol empezó a salir. Todo parecía muy familiar. Volví a creer en la magia. Y es que “Blue Beauty” no para nunca de sorprenderme. No sé si tiene la capacidad para autoregenerarse o si lo que necesita es mimo de las carreras, de sentirse útil, de rebosar generosidad dando placer y satisfacción a sus ocupantes. Fue un momento especial, realmente mágico. Cuando llegué a mi pueblo el sol había aparecido por completo tiñendo el paisaje de oro. Mi tío me guiñaba el ojo des del cielo. Pasadlo bien me decía. Y realmente así lo hicimos.
La siguiente etapa era en el Circuit ¿Y quién no se lo pasa pipa teniendo todo un trazado de Gran Premio a tu entera disposición durante varias vueltas? Simplemente extraordinario.
Seguimos el road-book mientras el día, poco a poco, daba dando paso a la noche. La oscuridad no es la mejor aliada para los tímidos faros de un coche de los años 40 así como tampoco lo era la idea de subir la velocidad media de los tramos cronometrados cuando estos iban cuesta abajo, pero íbamos superando todas las dificultades a la perfección. Todo parecía ir sobre railes hasta que pasó lo inevitable cuando el equipo está formado por dos pilotos con muy poca experiencia en navegación.
Nos perdimos.
Nos saltamos una una indicación antes de llegar al Circuito de Osona y casi llegamos hasta Ripoll. A la que dimos media vuelta y volvimos a la ruta correcta ya era demasiado tarde, por lo que no pudimos disputar las últimas 3 ó 4 especiales nocturnas, penalizando el máximo, y decidimos poner rumbo hacia el hotel de final de etapa.
Nos tomamos con humor lo sucedido y replanteamos nuestro objetivo pero sin cambiar nuestra máxima de pasarlo bien. Se habían esfumado las posibilidades de lograr una buena clasificación en regularidad así que nos centramos en conseguir un reto más factible pero no por eso menos ambicioso. El de conseguir terminar la prueba con el automóvil más antiguo y recibir el trofeo que lo acreditase.
Durante el segundo día tuvimos un tiempo magnífico y nuestro Alfa Romeo se comportó como lo que és; un auténtico campeón. Nos divertimos un montón por las carreteras que cruzan entre Catalunya y Francia hasta que llegamos a Perpignan. Daniele se puso al volante en los enlaces y también pudo comprobar mis pésimas habilidades como copiloto. Pero disfrutamos cada minuto de la fantástica música del infatigable motor del 6C 2500 SS. Un automóvil que enamora no sólo por su belleza sino también por su eficacia.
Iban pasando las horas y los quilómetros así como la intensidad de la luz. Cuando llegamos de vuelta a Barcelona ya era de noche y la aventura había sabido a poco. “Blue Beauty” es embriagadora y tuve la necesidad de utilizarla casi a diario durante las semanas después del I Rally Catalunya Historico. Donde a parte del trofeo al coche más antiguo ganamos el premio a los que más disfrutamos.
*Muchas gracias nuestros espónsors: Chopard España, Fund Drive Investments, APT Performance, Cristalmina, CarrerasCars y GentlemenDrive Magazine. También a Daniele Rizza y a todo su equipo de Carrozzeria Rizza de Roma.
Fotos y texto: by Oriol Vilanova

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